El Principito y yo: una historia personal

El Principito y yo: una historia personal

El Principito fue publicado ya hace 70 años. El 6 de abril de 1943 fue puesta en las librerías de Estados Unidos por la editorial Reynal & Hitchcock.

Esta bella historia, escrita por Antoine de Saint.Exupéry, nos cuenta acerca de un pequeño chico proveniente del distante Asteroide B-612 y su crítica perspectiva del mundo de los adultos. El Principito es un verdadero clásico infantil (no solo para chicos) y probablemente uno de los pocos libros que exceden las 150 millones de copias producidas alrededor del mundo en más de 250 lenguas y dialectos

Un año después de ser publicado, Antoine de Saint-Exupéry murió en un vuelo militar en la costa de Provence, cuando su avión fue abatido por un bombardero Alemán. Exupéry, un pionero de la aviación, autor y explorador, jamas recibió un solo peso por El Principito.

Pero no quiero hablar acerca de fechas, números o dinero como un “hombre serio” que solo sabe contar. Yo quiero hablarles de El Principito y yo.

“Todos los adultos fueron niños, pero pocos lo recuerdan”

No hace mucho tiempo atrás que yo era un niño pálido y flaco. Afortunadamente para mi, lo puedo recordar. Y digo afortunadamente por que solo quien recuerda el niño que una vez fue, puede leer este libro. Fue el profesor de literatura, estricto y calvo, quién por primera vez me mostró El Principito.

Debo admitir que lo primero que capturó mi atención no fueron las palabras de El Principito. Fueron las ilustraciones. Todavía puedo recordar la hermosa acuarela de un elefante dentro de una boa constrictor. También debo admitir que lo que vi fue un sombrero (como lo hubiera visto un adulto) en el dibujo número 1, no un elefante y una serpiente, cómo lo debería ver un verdadero niño.

Little Prince Elephant inside boa

 

Por mucho tiempo esto me preocupó muchísimo. —Tal vez soy un niño-viejo, pensaba preocupado. También pensaba que debería existir una manera de ver elefantes dentro de una boa, en vez de ver sombreros.

El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”

Y rápidamente, mientras leía el libro, encontré la respuesta: “No se ve bien si no con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos”. Entonces comprendí que mi problema era que yo estaba tratando de ver con los ojos, y no con el corazón, por eso solo podía ver sombreros.

Desde entonces, he estado tratando de ver el mundo más con el corazón y menos con mis ojos. Honestamente, no es fácil, ustedes lo saben.

Debo admitir que El Principito habita en mi y en mis historias. Quién lea Malaika la princesa o El fantástico aviario de sir William McCrow, por ejemplo, podrá encontrar la presencia de los baobabs.

Gracias a Antoine de Saint-Exupéry, el mismo niño flaco pálido (un poco viejo ahora) es escritor de libros infantiles, que intenta que los niños vean elefantes dentro de boas en lugar de sombreros.


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