Con frecuencia se habla sobre sostenibilidad y casi con la misma frecuencia se ignora su significado concreto. La definición de sostenibilidad que me resulta más completa y luminosa es la que propone Fritjof Capra y es la siguiente: 


"La sostenibilidad consiste en diseñar las comunidades humanas de manera que su estilo de vida, sus negocios, su economía, sus estructuras físicas y su tecnología no interfieran con la capacidad inherente de la naturaleza de generar y sostener la vida en el planeta".


Siendo nuestros estilos de vida, negocios, economía, estructuras físicas y tecnología sumamente dañinos hasta el punto de generar desequilibrios severos en la naturaleza que afectan su capacidad magnánima de sostener la vida en el planeta, la sostenibilidad es algo a lo que debemos volcarnos todos, incluyendo la industria editorial. 

Lo primero que viene a la mente cuando se habla del impacto ambiental de la industria editorial son los árboles que se convierten en páginas. Sin embargo, son muchos más los recursos que se invierten en la creación de estos objetos tan preciados: árboles, compuestos químicos como blanqueadores y tintas, combustibles fósiles, plásticos energía, agua, mano de obra, y otros recursos, que hacen parte no sólo del producto final sino de su proceso de creación, diseño, impresión, divulgación, embalaje y transportación.

Lo anterior, en lo que respecta a los libros de papel. En cuanto a los e-books, existe la idea equivocada de que son más sostenibles que sus hermanos libros de papel. Pero, teniendo en cuenta que las emisiones de carbono de un e-reader equivalen a las de 128 libros físicos esta creencia puede ser cierta como puede que no. Dependerá principalmente del uso que hagas del e-reader. Si antes de que cumpla su ciclo de vida has leído más de 128 ebooks, entonces sí será una mejor opción, de lo contrario será más contaminante, por no mencionar condiciones de explotación laboral que se dan en las minas ilegales donde se extraen varios metales y minerales necesarios para la fabricación de los e-readers y de los teléfonos celulares. Éstos últimos hacen parte de la experiencia de lectura que ofrece LuaBooks en sus libros por medio de aplicaciones interactivas. La diferencia con esta editorial es que quien adquiere un libro de LuaBooks no compra un teléfono inteligente exclusivamente para disfrutar de la experiencia interactiva que propone la editorial sino al contrario: la editorial vio una oportunidad de hacer de la lectura una actividad más atractiva y dinámica para los lectores más jóvenes por medio de la interacción con la pantalla, que por lo general les fascina, de usar la herramienta que, de todas formas existe, para un mejor propósito, el de motivar a la lectura.

Esto me lleva a hablar del otro tipo de impacto que generan los libros, uno incalculable, intangible y profundo. Hoy en día, el tiempo que pasan los niños frente a las pantallas va en aumento y esto sucede desde edades muy tempranas. Esto, entre otras cosas, causa adicción, dificultades de aprendizaje, empobrece sus habilidades sociales, su imaginación e incluso su personalidad. El estado de pasividad al que incitan las redes sociales comerciales o herramientas de social media (como Youtube, TikTok e Instagram), en que los usuarios se vuelven consumidores volubles, es opuesto a los que suscitan libros y aplicaciones como las de LuaBooks que alimentan la imaginación, la curiosidad, promueven la reflexión, educan, llevan a viajar, a adquirir otras experiencias, a encarnar otros seres, a vivir otras vidas. Sin duda son libros transmedia que enriquecen la vida y que ayudan a generar cambios positivos.

Un buen ejemplo es Los ingeniosos mecanismos de Jerónimo Della Testa, uno de los más recientes libros publicados por LuaBooks. Jerónimo buscaba la felicidad en la invención y construcción de toda clase de máquinas y artilugios, pero ni la máquina de la música, ni la de los pájaros, ni la de la risa, lograron alegrarlo. Tampoco lo hicieron la máquina del dinero, ni la de los afectos, ni la de los viajes, ni la de la comida, ni las muchas otras que construyó con la madera de los árboles del bosque, que acabó. Desdichado y ya viejo, en el terreno baldío, Della Testa recibe una ofrenda que trae una pajarilla en su pico, un pequeño artefacto proveniente de la naturaleza y capaz de generar vida: una semilla. Jerónimo la siembra en su caja de herramientas y verla germinar y crecer le resulta más fascinante que cualquier máquina y es lo que finalmente logra otorgarle felicidad. 

Creemos que los libros son herramientas que sirven para cambiar el mundo, y que vale la pena que existan. Nos comprometemos a seguir aprendiendo, y cuestionando, para que así la huella positiva de aprendizaje que dejan los libros en nosotros compense de alguna manera la huella ambiental de su fabricación.
-Errata Naturae

Los libros también son semillas, (como la semilla de Jerónimo) y pueden transmitir y plantar en nosotros mensajes muy poderosos. Errata Naturae, una editorial española que es un hermoso referente por su compromiso no sólo con su objeto de transformación social sino también con la reducción de sus emisiones de carbono, se tomó buena parte del 2020 para reflexionar sobre el impacto de la industria editorial, replanteó muchas de sus dinámicas, entre ellas cambiar los tipos de papeles sobre los que imprimían sus libros; eliminar el envoltorio de plástico que recubre cada ejemplar; cortar lazos con empresas con las que no compartían objetivos y prácticas como algunas entidades bancarias, empresas de telefonía, entre otras, y establecer redes de apoyo mutuo con empresas más pequeñas y locales con las que se sienten más afines; decidir contratar y hacer alianzas con empresas de mensajería alternativas que se movilizan en gran medida en bicicleta y una fábrica de papel que  reduce sus emisiones de transporte privilegiando el tren de larga distancia; reducir los viajes de negocios al máximo; también dar incentivos a los miembros de la editorial que decidieron usar la bicicleta como medio de transporte para ir a trabajar, cosa que a partir del 2021 hacen sólo cuatro días de la semana. Todo esto, no como un sacrificio sino como una oportunidad para llevar vidas mejores, en sus palabras:


Nos movemos en bici, no comemos carne y vamos a empezar a trabajar cuatro días a la semana y a imprimir libros en papel reciclado simplemente porque todo eso nos acerca a una vida mejor para nosotros mismos y para aquellos a los que queremos. No hay renuncia alguna, sino apertura a otras formas de habitar y disfrutar, a otros paisajes, a otros proyectos y a otras amistades que nos enriquecen. Se trata de reapropiarnos nuestras condiciones de existencia, en los contextos que transitamos y a partir del presente de nuestras necesidades y de nuestras dependencias, recuperando el tiempo, los saberes y las prácticas que puedan acercarnos, poco a poco, a una vida más libre y ecológica.
-Errata Naturae

LuaBooks por su parte ha empezado por aliarse con Saving the Amazon, una plataforma que busca la conservación y reforestación de la Amazonía y el bienestar de sus habitantes. También se han comprometido a sembrar un árbol al mes y trasladaron sus oficinas y bodegas a una casa en el campo, ahí, hacen basecamps de trabajo, en donde, durante meses conviven juntas las personas que laboran en diferentes proyectos editoriales reduciendo gastos de transporte y uso de equipos y electricidad, además, imprimen sus libros localmente, lo cual reduce de forma significativa las emisiones de carbono durante los trayectos de transporte de mercancía. También rechazan las cláusulas de muchas editoriales en que, si pasado cierto tiempo no se han vendido todos los ejemplares de una edición, éstos serán incinerados o reciclados,-parcialmente y sólo si los materiales usados lo facilitan-, antes de siquiera haber sido leídos, entre otras pequeñas acciones que se suman al compromiso social y ético latente en sus historias. 

Sin embargo, las editoriales son sólo un eslabón en la cadena y para lograr cambios sistémicos se necesita de la participación de otros actores. Uno de ellos son las librerías, que no reciben libros que no estén envueltos en plástico termosellado y esto a su vez tiene su razón de ser en los lectores. Como lectores, no queremos comprar libros que muestren rastros de manipulación, queremos objetos impolutos y ese simple hecho parece justificar la utilización de ese plástico de un sólo uso. 

¿Vale la pena sumar más plástico desechable al mundo, solo por evitar tener un par de huellas dactilares en un libro que, de todas formas, en la medida en lo que leemos y disfrutamos, va a terminar por desgastarse un poco?

No hay, pues, un camino fácil ni certero hacia una industria editorial más sostenible, - ni siquiera lo hay para llevar una vida más sostenible -, no podemos existir ni crear nada sin generar una huella de carbono y tampoco se trata de eso, pero hay numerosas acciones que podemos llevar a cabo para movilizarnos a estilos de vida más ricos y más conscientes. La sostenibilidad alberga diversas capas de complejidad. El primer paso posiblemente sea tener la disposición de construir sociedades más éticas y responsables, en la medida en que me he ido acercando a estos temas, me he dado cuenta de que no es algo que pueda conseguir exclusivamente realizando cambios a nivel individual, pues si bien estas acciones son indispensables también son insuficientes si no vienen acompañados de cambios colectivos. 


-Poiética


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